Alberto Niño Peña: “En Bogotá, llenar el tanque de un vehículo puede costar facilito un salario mínimo”. Las palabras del señor Niño me dejan pensativo. Sugieren un paralelo entre lo que cuesta la gasolina y lo que ganan los colombianos. Siento que es casi un desafío periodístico. Una verdadera provocación.
Entre galones y salarios
El sentido común y la equidad económica consisten en reconocer que a
precios mayores se paguen salarios mayores. O, en su defecto, que haya
una relación sensata entre una cosa y la otra; es decir, que los costos
sean menores cuando el salario es menor. Esa es la referencia que se
conoce universalmente como sistema de precios y salarios. Parece
elemental que así ocurra, pero lo que están haciendo en Colombia, por el
contrario, es cobrar la gasolina a precio de ricos con un salario de
pobres.
Para empezar, digamos que un galón de gasolina corriente les cuesta
hoy a los colombianos 8.700 pesos, término medio, ya que el precio varía
de una región a la otra. Al cambio actual, esa suma equivale a 4
dólares con 60 centavos.
En Estados Unidos, que es el mayor comprador de petróleo colombiano,
el mismo galón vale en promedio 3 dólares con 66 centavos, que
corresponden a 6.917 pesos. Eso significa, ni más ni menos, que ellos
cobran por la gasolina colombiana 1.800 pesos menos de lo que pagamos en
la propia Colombia.
Aquí es donde empieza Cristo a padecer. El salario mínimo en Colombia
es de 589.500 pesos, que equivalen a 312 dólares. En cambio, un obrero
en Estados Unidos, que trabaja por horas, redondea mensualmente 1.740
dólares, que son 3 millones 289.000 pesos. Traducción: el salario suyo
es 5,6 veces más alto que el nuestro, pero el galón de nuestra propia
gasolina es 21 por ciento más costoso para nosotros. Y eso que ellos
importan la mitad del combustible que consumen, mientras nosotros
producimos tres veces más de lo que gastamos.
Eso no es justo ni equitativo, pero la culpa es únicamente nuestra.
Se trata de una proporción inversa y maligna. Es decir, de una
desproporción.
Desde Bolivia hasta el Asia
Como no faltará quien diga que el ejemplo que acabo de poner con los
Estados Unidos es excepcional, menciono un segundo caso, que queda en la
otra costura del mundo: Corea del Sur. También le compra petróleo a
Colombia. Me imagino lo que les cuesta transportarlo desde el Casanare
hasta esas lejanías. Aún así, los consumidores coreanos pagan 4,15
dólares por el galón de corriente. Eso traduce 7.859 pesos colombianos.
Es decir, 841 pesos menos que en Colombia.
El salario mínimo coreano es de 1 millón 417.000 pesos, como quien
dice, 2,4 veces mayor que el colombiano. Corea del Sur es una nación
desarrollada, y usted podría pensar que no es conveniente comparar sus
salarios y precios con los de Colombia. Entonces, le propongo que
volvamos la mirada hacia países más cercanos y similares al nuestro.
En Bolivia, que ni siquiera produce la gasolina que consume, y tiene
que comprarla en el exterior, el galón de corriente cuesta 5.000 pesos
colombianos, 43 por ciento más barato que en Colombia, que es un país
productor. Mire esto: ese precio obedece a que el salario mínimo
boliviano es de apenas 97 dólares, unos 183.000 pesos, menos de una
tercera parte del colombiano. Entonces, los bolivianos entienden que, si
tienen un salario muy bajo, no pueden imponerle a la gente precios muy
altos. Guardan equidad entre una cosa y la otra. Exactamente al
contrario de lo que ocurre en Colombia.
Al otro lado de la frontera
Y si nos acercamos todavía más, al otro lado de la frontera, tanto
por el Caribe como por el Pacífico, nos encontramos con dos ejemplos muy
elocuentes. El primero es Panamá, donde el galón de gasolina corriente
cuesta hoy 7.503 pesos colombianos. Casi 1.200 pesos por debajo del
costo colombiano. Pero su salario mínimo es de 450 dólares (850.500
pesos), lo que significa 260.000 pesos más alto que el nuestro. Panamá
confirma nuevamente la equidad entre precios y salarios, como hacen
todos los países del mundo, salvo el que sabemos.
El caso de Ecuador es todavía más elocuente. Su salario mínimo es
semejante al colombiano, pues llega hoy a 582.000 pesos, lo que quiere
decir que solo está 7.500 mensuales por debajo del nuestro. Pero su
galón de gasolina corriente cuesta 2,20 dólares, que corresponden a
4.143 pesos, un 53 por ciento más barato que en Colombia. ¿Cómo explican
los administradores del Estado esas discrepancias en el sistema de
ingresos y gastos de un país al otro?
ConclusionesDespués de comparar países, costos e ingresos, las conclusiones a que uno llega son lúgubres:1.- Los precios que se cobran por la gasolina en Colombia, país productor, son más altos que los de muchos países que se ven obligados a importarla.2.- Los precios de la gasolina en Colombia son considerablemente más altos que los de países vecinos con salarios similares al nuestro.3.- Los precios de la gasolina en Colombia son más altos, incluso, que los de algunos países que tienen salario mínimo mayor que el nuestro, y cuyos ciudadanos, en consecuencia, podrían pagarla más cara. ¿O será, más bien, que los nuestros deberían pagarla más barata?4.- Y la peor de todas las injusticias que encontré en este trabajo: el precio de la gasolina colombiana es más alto en Colombia que en algunos países que importan gasolina colombiana. Parece un juego de palabras, un galimatías, pero es una realidad muy cruda, tan cruda como el mismo petróleo.
Demagogia y buses
La pregunta que hay que hacerse es a qué se debe semejante
desequilibrio. “A que, si bajamos el precio de la gasolina, se quiebra
Ecopetrol”, es la respuesta que dan siempre los gobernantes. Yo no veo
por qué ha de quebrarse alguien que cobre precios justos. ¿O es que en
otros países se han arruinado las empresas petroleras?
Otra disculpa tramposa consiste en afirmar que la gasolina barata se
vuelve un subsidio para los ricos. Eso es demagogia infantil y ramplona.
¿Los que viajan en bus son ricos? ¿O son magnates los que se ganan la
vida con un carrito? Es al revés: el abuso en los precios de la gasolina
golpea, primero que todo, a la canasta familiar de los más pobres.
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